jueves, 16 de mayo de 2013

ENTREGANDO UN SER QUERIDO AL “CIELO”

Desde el inicio de este blog, siempre he hecho énfasis en la necesidad e importancia que tiene el entrar en contacto con nuestras emociones y sentimientos, no solo con el objetivo de conocernos un poco más, sino al mismo tiempo de dejar salir muchas de esas cosas que nos guardamos y que nos dificultan en la mayoría de los casos seguir adelante y fluir con la vida.

Hoy reconozco que he querido escribir con un fin terapéutico, con el fin de plasmar emociones, sensaciones, sentimientos y pensamientos que apoyen mi proceso de sanación y al mismo tiempo busco generar inquietudes respecto a cuál es la mejor forma de asumir y procesar un tema tan complejo como lo puede ser, la muerte de un ser querido.

Debo confesar que en mi caso, la vida nunca me había puesto en una situación donde tuviese que experimentar la perdida de alguien muy cercano, es más, esto era algo impensable para mi hasta hace algunos meses, vemos noticias, conocemos casos cercanos de personas que pasan por situaciones similares, pero jamás esperamos que nos toque a nosotros en un momento dado, y hoy, aun sin comprenderlo  y asimilarlo del todo, hago parte de esa gran cantidad de personas a las que la vida nos ha puesto a vivir este aprendizaje.

Aprendizaje que me da la posibilidad de hablar desde el lado de la certeza y no desde la suposición, porque a pesar que podamos hacernos una idea de lo que se sentiría perder un ser querido, puedo asegurarles que el vivirlo es algo completamente diferente.

La primera gran reflexión que me queda de esta experiencia, es que ante este tipo de situaciones hacemos realmente consciencia de lo vulnerable que es el ser humano, por primera vez dimensionamos que nuestro tiempo en este plano es limitado, que no podemos tener control sobre todo y que la vida nos puede cambiar por completo de un día para otro.

Si supieras que a ti o a un ser querido le queda un mes de vida, ¿Que harías de diferente?, ¿Que te faltaría por decirle a alguien?, ¿Que es eso que siempre quisiste hacer y lo dejaste de lado por miedo, porque no tienes “tiempo” o simplemente porque hay cosas más “importantes”?

Lo segundo, es la falta de conocimiento sobre cómo se debe acompañar a una persona que está pasando por una situación de este tipo. Por cultura o porque se acostumbra, cuando alguien cercano pasa por una situación de estas lo primero que decimos para darle apoyo, son frases como “Lo siento mucho”, “Tienes que ser fuerte”, “Ya tienes un angelito más que te acompaña desde el cielo”, “Dios sabe cómo hace sus cosas”, etc. 

Les voy a compartir mi opinión y ofrezco disculpas por lo crudo que puedo ser al respecto, pero todo esto es pura ¡MIERDA!, Créanme, cuando uno pasa por una situación de estas y especialmente cuando has perdido a alguien de forma trágica e inesperada, lo último que uno quiere escuchar es que alguien te diga que “todo está bien”, cuando probablemente ni siquiera has asimilado lo que está sucediendo y sientes que tu vida se desmorona por completo.

En mi opinión, ante estas circunstancias, las palabras sobran, no hace falta decirle al otro que lo entiendes o que lo lamentas, la sola presencia, un abrazo sincero y el dejarle saber a la persona que estás ahí para lo que ella pueda llegar a necesitar, es mucho más compasivo que cualquier cosa que se pueda llegar decir.

Tercero, hacerse el fuerte no sirve absolutamente para nada. Hoy en día después de tener la oportunidad de acompañar a muchas personas en trabajos terapéuticos, me resulta alarmante la cantidad de casos donde los bloqueos y problemas que salen a relucir están relacionados con duelos sin resolver. En nuestra sociedad pareciera existir la creencia de que está mal sentirse mal por la partida de un ser querido y peor aún manifestarlo, que ignorancia el asociar la fortaleza con el reprimir lo que se siente.

Cuarto, debemos entender que cada persona es un mundo totalmente diferente y que cada uno de nosotros, siente, piensa y reacciona de forma totalmente independiente frente a situaciones similares. Respetemos los procesos y los tiempos que cada persona puede tener para asimilar y trascender una situación de perdida.

Quinto, en mi caso personal, nada ha funcionado más  ni mejor que llorar, llorar, maldecir, gritar y seguir llorando, cada vez que lo siento y que veo la necesidad de hacerlo. De nuevo, el dejar salir lo que sientes no cambia la realidad, pero te da la oportunidad de descargarte, de descansar y de tomar aliento para seguir afrontando los aprendizajes de la vida.

Sexto, este es un proceso que no tiene que hacerse solo, existen profesionales y personas capacitadas para hacer un acompañamiento adecuado de este tipo de aprendizajes, es increíble lo valioso y eficiente que puede resultar un buen trabajo terapéutico en el manejo de los duelos.

Por último y quizás una de las conclusiones más valiosas que he sacado, es que ante un dolor tan profundo, solo existe una manera de prepararse para un aprendizaje tan complejo como lo puede ser la perdida de alguien cercano y es, el empezar a prepararse  en vida.

Siempre demos lo mejor que podamos en nuestras relaciones, seamos las mejores personas que podamos ser con los demás, digamos lo que sentimos, lo que pensamos, compartamos, disfrutemos y sobre todo amemos en lo posible a todos, pero como mínimo a nuestra familia y amigos.

Cuando alguien parte y nosotros tenemos la certeza que fuimos y dimos lo mejor de nosotros a esa persona, a todo nivel, no hay lugar a remordimientos ni a reproches respecto de aquello que no se hizo o se dejó de hacer. Esto tan complejo y simple al mismo tiempo facilita de forma increíble el proceso de aceptación y trascendencia de una perdida cercana.

GRACIAS POR ENSENARME A SONREIR Y POR DAR EJEMPLO DE COMO SE DEBE ASUMIR Y DISFRUTAR LA VIDA

HASTA QUE NOS CORRESPONDA ENCONTRARNOS,

TE AMO PRECIOSA

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